
Título: Festín de cuervos
Nº de páginas: 859
Cubierta: Tapas blandas
Precio: 25,95€
La cuarta novela de la saga Canción de Hielo y Fuego ha sido lo último en caer en mis manos y es también la última publicada de la serie hasta la fecha en nuestro país. La traducción, inmejorable, corre a cargo, como siempre, de la editorial Gigamesh, que mantiene el mismo nivel que en las tres entregas anteriores de la saga. Lo primero que me sorprendió de este libro, habiendo leído los anteriores, fue que despúes de unos cuantos capítulos los personajes que más extrañaba: en mi caso, Tyrion, Jon y Bran, no estaban en la novela. Tuve que interrumpir la lectura e ir hasta el índice para comprobarlo, y maldita la gracia. Cuando tras casi tres mil páginas pensaba que me había librado de Catelyn, uno de los peores personajes de la serie (no porque estuviera mal escrito, sino porque, simple y llanamente no me identifico con madres en apuros), tuve que soportar en esta ocasión a Brienne, y a la incombustible Sansa, como no, amén de la pérfida Cersei. Parece que el señor Martin hubiera elegido a todos sus personajes femeninos (y sobre todo a los aburridos) para protagonizar esta historia que, para mi gusto, baja mucho el ritmo altísimo de la impagable y legendaria Tormenta de Espadas. Cuando abrí el libro, deseaba leer más sobre lo que sucedía a Jon en el Muro, qué había sido de Tyrion después de los sorprendentes acontecimientos de Desembarco del Rey, el lugar al que había ido el tullido Bran después de encotrar a ese misterioso personaje subido a un alce. Pero, ah, villano, el señor Martin sabe que la espera y el suspense valen dinero. Y en esta ocasión decide entretenernos con los peores personajes de la serie, en espera de un quinto libro que promete acumular todo lo bueno.