En mi vida sólo he tenido la suerte de visitar la isla del las puestas de sol una única vez, y de aquella semana guardo muchos recuerdos gratos. El paisaje es de ensueño, el ambiente, de infarto, y el sonido de la isla, por supuesto, viene marcado por lo que las grandes marcas proponen. Vayas donde vayas si visitas Ibiza, acabas envuelto de una u otra forma por la música de la isla que luego acaba por sonar en el resto del mundo durante el invierno. Es imposible sustraerse a la frivolidad y el hedonismo que rodean a todo este mundillo, y aunque con el tiempo te atreves a contemplarlo con calma y cierto distanciamiento, la música tiene (al menos para mí siempre ha tenido) la facultad de cambiarte el ánimo y predisponer tu cuerpo, de tal forma que aunque no te guste, acabas por involucrarte al contemplar lo que te rodea. Se pueden criticar muchas cosas sobre un lugar como Ibiza: que la gente se propase con drogas, con alcohol, etc. Encontrarte a fulanos guiris pasados de rosca cuando bajas a la playa o das un paseo con tus hijos (si los tienes, elige Benidorm o Denia, por su salud) no es agradable, lo reconozco, y estoy en contra de tales imagenes, pero es que la marca de Ibiza no es la de un destino de vacaciones normal. Quien se deja caer por allí ya sabe o (como mínimo) ha oído algo de cómo funcionan las cosas allí. Ese lugar tiene un alma distinta al resto de islas de España, y gran parte de este espíritu diferenciador se debe a las macrodiscotecas; es una dictadura donde la música House es el dogma y la fiesta sin fin casi un deber. Los isleños se quejan, es normal, y dicen con mucha guasa que habría que cerrar las discotecas, pero en el fondo saben que si ocurriera algo así, el espíritu de la isla moriría y con él los motivos que llevan a muchas personas (y a su dinero) a elegirla como destino de vacaciones. Pero me estoy desviando del tema. De lo que hoy quería hablar no era de si es buena o no la faceta que ofrece la isla, ésta es la que es, ya lo sabemos, sino que mi inofensiva intención era sólo hablar de un disco: Pacha Ibiza Anthems. Ya ha salido (es de este mismo año 2010) y ha sido mi elección para calentar motores de cara a este verano en que, por lo menudo, tantas cosas nefastas tendría la obligación de dejar atrás. El invierno es para el rock clásico, para lo independiente, para Nirvana y Led Zeppelin, para Interpol, ACDC, Blur, y Kings of Leon. El verano es para el espíritu de Ibiza. Al menos para mí.
Nueva York, Años 70
Hace 3 meses

