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02 diciembre, 2010

Dontstop: Kings of Leon en Madrid.

Entradas agotadas para ver el directo de Kings of Leon en Madrid. El palacio Vistalegre no daba más de si. Quizás recordéis mi comentario de la semana pasada a propósito de la visita de Interpol en el mismo recinto, pues bien, en la crónica comentaba que la cola para entrar daba media vuelta al recinto. Para este concierto, daba la vuelta entera: 10000 almas en una colmena de rock sureño, así podría definirse el aspecto de Vistalegre ayer.

En primer lugar, sin tener mayor referencia que la de Interpol de la semana pasada, la infraestructura que desplegó Kings of Leon en Vistalegre fue muy superior a la que vimos durante aquel otro concierto. Mayor juego de luces, doble número de monitores de sonido y pantallas de proyección aéreas. La calidad de la acustica de Vistalegre, que de primeras no es la mejor, no resultó un inconveniente en ningún momento. Felicidades a los técnicos de sonido. El despliege cubría también a unos cuantos cámaras que grabaron el concierto con vistas, supongo yo, a una posible edición en DVD de su último disco, Come around sundown, ya que este concierto (el único en España) viene a cuento de la gira promocional de dicho disco que la banda acaba de emprender.

Los de Nashville abrieron temprano, a eso de las 21:20 (teníamos entendido que empezarían a las 21:30... y así nos pasó), con el potente y atronador redoble de batería de Crawl, que levantó a todo el mundo de sus asientos (y repartió escalofríos por las médulas del respetable). O eso creo. En ese momento aún había mucha gente haciendo cola fuera, entre ellos, mis amigos y yo. Le siguió el gran Molly´s Chambers, de su primer album. Más pelos de punta. A partir de aquí, comenzaron con la promoción del reciente disco, cuya acogida fue algo fría, por lo que el público se sumió en una tibia espera. Radioactive abrió la brecha, y a éste le siguieron Mary y The end. En este punto, aún seguía entrando gente al pabellón y los ánimos entre el respetable estaba algo alicaídos. Los Kings no son muy dados a la performance, muy colocaditos en sus posiciones y algo estáticos, dejaron que sus temas nuevos enfriaran los ánimos de un público que, para ser sinceros, estaba mas pendiente de escuchar los grandes hits de su discografía; el nuevo album no pasará a la historia por ser el mejor de su carrera, me temo.

Creo que el asunto caló entre ellos, pues después de aquello, y tras una pausa en la que los músicos hicieron una especie de piña en la que debieron preguntarse por qué estaban perdiendo las riendas del asunto, decidieron atacar con la artillería. The Bucket, Manhattan y On Call se alternaron con los nuevos Back down south, No money y Pyro. Los acordes de Knocked up, primero, y Use somebody, después, acabaron de relanzar el espectáculo, el público levantó las manos y empezó a corear el estribillo haciendo retumbar el mobiliario y las paredes. El vídeo que pude grabar, aunque lejano, lo demuestra. Después de eso, los ánimos volvieron a decaer cuando los músicos se metieron para adentro. La gente empezó a mirar el reloj con cara interrogante. "Si no llevan ni 70 minutos..." Volvieron a salir, por supuesto, y tocaron Closer. En este punto el desparrame fue total cuando Sex on fire hizo que las gargantas de los madrileños estallaran. Caleb sólo tocaba, no cantó ni un sólo estribillo, el hijoputa. Madrid fue el solista estelar. Con Black Thumbnail y mucho rasgueo de cuerdas estalló una traca pirotecnica en la parte posterior del escenario y el espectáculo concluyó, dejando a la gente muy caliente y con ganas de más (de mucho más, la verdad, por lo visto en algunas caras). Menos de 90 minutos de concierto, a 52€ por barba. La verdad es que a ese precio podrían haber alargado un poco más el espectaculo. Tenían aún mucha tela que cortar, pero... qué se le va a hacer.

Aunque la sensación final fue de cierta insatisfacción, la puesta en escena de la banda, su sonido en directo, y la calidad de su música, siguen augurando un gran porvenir para estos tipos que pueden llegar a convertirse en los sucesores de otras bandas "revienta estadios" como U2, o los Rolling. Contando los minutos para su próxima visita.

(este es mi vídeo, así de lejos nos encontrábamos...)



(en este vídeo se observa como Caleb, sólo se dedica a tocar...)

21 noviembre, 2010

Y los canadienses Arcade Fire llegaron a Madrid


Menos mal que son mis manos las que tienen que contar lo sucedido ayer y no mi voz, porque creo que grité y canté como nunca en este año, y mis cuerdas vocales se han resentido. Y es que el 20 N, dejando a un lado cualquier tipo de connotación política, llevaba marcado hacía muchos meses en mi calendario. Aguardaba con ilusión y nerviosismo mi primer concierto con la banda canadiense.

Arcade Fire me gustó desde el primer momento. Desde el primer tema que escuché. Esos tonos menores y esas letras que van narrando una historia según avanza la música, terminaron por engancharme.

Lo que queda claro es que no es una banda de rock al uso. Solo nos tenemos que fijar en el número de componentes (ocho) y en los múltiples instrumentos que incorporan a parte de las consabidas guitarras y batería. Instrumentos como piano, órgano, violines, acordeón, pandereta, una segunda batería...y hasta instrumentos medievales como mandolinas o zanfonas hacen a este grupo indie-rock, como lo califican los entendidos, una banda realmente peculiar.


Pero vamos a lo que vamos, hablemos del concierto. Las entradas estaban agotadas desde hacia meses y ese lleno que todos esperábamos se hizo patente, primero en las largas colas antes de acceder al recinto, y justo antes de empezar, sobre las 21:45, con un palacio de los deportes lleno hasta la bandera. Después de esperar esos 15 minutos interminables que se retrasó el comienzo, donde no podía quedarme quieto y el mini de cerveza me pesaba un quintal, se apagaron las luces, y los componentes de la banda empezaron a desfilar camino al escenario.

Los primeros acordes del 'Ready to start' empezaron a sonar, y los gritos y aplausos comenzaron a surgir en una sala deseosa de acción. Tenía mis dudas al principio de si el concierto iba a ser una sucesión de altibajos, con temas de su tercer álbum a priori con una gran variedad de opiniones, pero nada mas lejos. Los canadienses repartieron rock y entusiasmo de manera casi inagotable.


'Neighborhood #2' (Laika) con los dos violines y el acordeón terminaron de calentar y enfervorizar al pabellón. Un exaltado palacio de los deportes siguió disfrutando sin descanso de temas como 'No cars go', 'Haiti', 'Modern man'. Al terminar 'Rococo', Butler recordó que un euro de cada entrada iría destinado a obras de caridad, y es que esta banda ya donó un millón de dólares para Haiti.

"Gracias por venir" nos dijo en español Win Butler. Y demostró que tiene una muy buena voz, que no dejó escapar ninguna nota disonante en todo un señor concierto en directo. Régine Chassagne, su mujer, fue desplazándose de instrumento en instrumento y puso en 'Sprawl II' su voz con una nota de color en su vestuario.


'The suburb', que da nombre a su último disco, fue recibido con tibieza. Después una emotiva 'Crown of love', dio paso a 'Neighborhood #1' (Tunnels) y 'keep the car running' que hizo desatar la locura controlada de los allí presentes.

Las buenas bandas suelen mejorar en sus directos, y esta banda así lo demostró, y es que temas que en los discos parecen no causar mucha sensación, en el directo consiguieron transmitir toda su potencia.

Después de un cierre apoteósico con 'Rebellions' (Lies), los bises 'Intervention' y 'Wake up' completaron el recital de forma magnífica, con todo un palacio coreando las letras. Win Butler y su banda se despidieron con un "hasta la próxima", y cerraron una noche épica que tardará en ser olvidada.